Current Article:

Death in Vegas: el casino vacío donde la pista de baile se convierte en sala de duelo

Death in Vegas: el casino vacío donde la pista de baile se convierte en sala de duelo
Categories Éxtasis Revelación

Death in Vegas: el casino vacío donde la pista de baile se convierte en sala de duelo

Un proyecto nacido del DJ de club londinense y mutado en organismo nocturno: big beat enfermo, psicodelia de carretera, crooner espectral y, ahora, techno áspero como un muro de cemento.

Origen: antes del grupo, el humo

Death in Vegas siempre sonó a lugar antes que a banda: un nombre que ya trae neón, ruina y velocidad. Richard Fearless arranca en el Londres noventero desde la cabina (Job Club, Heavenly Social), codeándose con la cultura DJ que conectaba Detroit, acid, rock de resaca y el eco largo de la noche británica.

El proyecto se forma en 1994 y, como buen artefacto de club con vocación de mito, empieza con un problema de identidad: primero Dead Elvis, luego cambio de nombre por conflicto con un sello irlandés; el título se queda como epitafio perfecto para el debut.
Desde ahí, Death in Vegas no deja de comportarse como lo que realmente es: un canal. Una frecuencia que Fearless abre y cierra según la época, el duelo, la necesidad de ruido o de silencio.


La trilogía “de carretera”: de Dead Elvis al culto de The Contino Sessions

Si Dead Elvis (1997) es el coche arrancando, The Contino Sessions (1999) es el trayecto de madrugada: faros largos, motor constante, y esa mezcla rarísima de electrónica con guitarra que no “rockea”, sino que hipnotiza.
Aquí aparecen dos piezas que han sobrevivido como mitología de club y cine:

  • “Aisha” con Iggy Pop: no es un featuring, es una invocación.
  • “Dirge” como marcha fúnebre para pista de baile: la banda entra en el radar grande y el disco llega incluso a orbitar el circuito Mercury (nominación).

Referencias cruzadas inevitables: esto dialoga con el espíritu post-Weatherall (cuando el DJ es también editor cultural), con el rock británico que se deja contaminar por máquina, y con cierto cine de atmósferas (carretera mental más que argumento).


Scorpio Rising: Kenneth Anger en la mesa de mezclas

En 2002, Death in Vegas hace algo brillante: toma el título de un film maldito y lo convierte en brújula estética. Scorpio Rising remite explícitamente a Kenneth Anger, y eso se nota: erotismo de icono, metal cromado, ritual pop, violencia simbólica.

El disco funciona como un casting de fantasmas contemporáneos: Liam Gallagher, Hope Sandoval, Paul Weller (entre otros) como voces que entran y salen de un túnel.
Y el single “Hands Around My Throat” queda como documento de época: videoclip, fricción y gancho sin concesiones.

Cruces culturales que explican su persistencia: Scorpio Rising es la intersección rara entre videoclip, club, y cultura de culto; una zona donde caben tanto el imaginario Anger como el after británico y el rock convertido en textura.


2025: Death Mask y la electrónica como duelo (no como tendencia)

Lo realmente interesante de Death in Vegas en 2025 es que vuelve sin nostalgia. Death Mask se presenta como relato personal (pérdida, disolución, inmersión total) y se reivindica áspero: circuitería sucia, bordes rugosos, techno “imperfecto” con intención.
La propia descripción oficial lo sitúa lejos del algoritmo y cerca de parentescos incómodos: la densidad de sunn O))) o la ferocidad de Underground Resistance como ADN, no como pose.

En un presente donde demasiada electrónica suena “bien” (y por eso mismo, no dice nada), Death in Vegas insiste en lo contrario: que la música electrónica puede ser biografía, cicatriz, y espacio físico.


Conclusión

Death in Vegas no es una discografía: es un clima. Un proyecto que ha sabido traducir el club a lenguaje de cine (y viceversa), y que en 2025 vuelve a recordarnos algo básico: el underground no es un género, es una ética del sonido. Cuando Fearless acierta, no estás escuchando canciones; estás entrando en un lugar del que sales con olor a humo en la ropa.


Referencias opcionales


Enlaces externos

YouTube (vídeo largo recomendado)

  • Concierto “Glastonbury Festival, 24.6.00” (grabación extensa): (YouTube)