Eiichi Yamamoto convirtió la animación adulta japonesa en un aquelarre de acuarela, erotismo herido y psicodelia medieval que todavía quema los ojos.
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Éxtasis
Eiichi Yamamoto convirtió la animación adulta japonesa en un aquelarre de acuarela, erotismo herido y psicodelia medieval que todavía quema los ojos.
On-Gaku: Our Sound parece una broma mínima, pero debajo de su sequedad absurda hay una declaración pura sobre por qué hacer ruido sigue importando.
En 1985, Mamoru Oshii y Yoshitaka Amano hicieron una película que parece rezar en un idioma que ya nadie recuerda. Angel’s Egg no cuenta una historia: deja caer una esfera blanca en una ciudad inundada y espera a que el espectador escuche cómo se rompe la fe.