Antes de convertirse en icono de culto, Possession ya era una película filmada desde una ruptura nerviosa: divorcio, cuerpo y Berlín dividido.
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Antes de convertirse en icono de culto, Possession ya era una película filmada desde una ruptura nerviosa: divorcio, cuerpo y Berlín dividido.
Antes de que el horror analógico se volviera estética de internet, Begotten ya parecía una cinta maldita excavada de una religión sin nombre: muda, granulada, física, casi insoportable.
En 1982, Slava Tsukerman hizo una película que parece revelada dentro de un tubo fluorescente roto: ciencia ficción de bajo presupuesto, club culture neoyorquina, moda new wave, heroína, sexo, violencia y un ovni diminuto que no viene a salvarnos.
En 1985, Mamoru Oshii y Yoshitaka Amano hicieron una película que parece rezar en un idioma que ya nadie recuerda. Angel’s Egg no cuenta una historia: deja caer una esfera blanca en una ciudad inundada y espera a que el espectador escuche cómo se rompe la fe.