En 1985, Mamoru Oshii y Yoshitaka Amano hicieron una película que parece rezar en un idioma que ya nadie recuerda. Angel’s Egg no cuenta una historia: deja caer una esfera blanca en una ciudad inundada y espera a que el espectador escuche cómo se rompe la fe.
Inquietud
Lo que se arrastra por tu subconsciente
Kentucky Route Zero: realismo mágico para camioneros fantasmas y deudas impagables
Un camión avanza por Kentucky como quien baja a una deuda familiar, una cueva eléctrica o una obra de teatro montada en una gasolinera muerta.
El menú que soñaba con ser una ciudad: interfaces de PlayStation, DVD y videojuegos como arquitectura mental
Antes de que todo fuera plano, táctil y obediente, hubo menús que parecían habitaciones vacías, constelaciones domésticas o estaciones espaciales abandonadas. La PlayStation 2, los DVD y ciertos videojuegos no tenían interfaces: tenían clima, misterio y una forma extraña de arquitectura mental.
Flashback: El delirio cinemático que soñó el futuro en rotoscopias pixeladas
Antes de Another World fue mito, Flashback se convirtió en leyenda. Un thriller de ciencia ficción animado a mano que parecía más cine que juego, más Blade Runner que Sonic. El Commodore Amiga jamás volvió a ser el mismo.
Mutaciones del deseo: Cronenberg y la Nueva Carne
Entre la carne y el metal, la fiebre y la máquina, David Cronenberg abrió un portal al cine que aún hoy incomoda: un laboratorio donde la biología sueña con el cromo y el cuerpo se convierte en territorio de colonización tecnológica.
El día que nunca termina: Groundhog Day, el Dia de la Marmota, y la repetición como condena y liberación
El día que nunca termina: Groundhog Day y la repetición como condena y liberación
La comedia más filosófica de los 90 escondía, bajo la sonrisa cínica de Bill Murray, un tratado existencial sobre el tiempo, el tedio y la posibilidad de redención. Groundhog Day (Atrapado en el tiempo, 1993) es mucho más que la película del Día de la Marmota: es una fábula mística disfrazada de sitcom.
La música de Disasterpeace para It Follows: el nuevo John Carpenter silencioso
Intriga modular en clave minimalista: el legado sónico del terror sublimado en susurros digitales. En el subyugante mundo del cine de terror, la atmósfera lo es todo. Y pocas veces un director y un compositor han logado conjugar sus visiones para crear una obra tan aterradora, fresca y estéticamente cautivadora como “It Follows” (2014). El embrujo sonoro que pervive en este filme es obra de Richard Vreeland, conocido como Disasterpeace.
‘Pi’ de Darren Aronofsky: matemáticas, paranoia y blanco y negro
Obsesión y números como maldición visual.
En un mundo donde los números son todopoderosos, Max Cohen, un solitario genio matemático, se encuentra en una espiral de patrones incesantes que revelan la brutalidad del cosmos. Darren Aronofsky nos introduce en un universo donde la matemática deja de ser una ciencia abstracta para transformarse en una odisea noir. Preparen sus mentes para una inmersión en abismos numéricos.
Satoshi Kon y el montaje mental en Paprika
En el mundo del cine de animación, Satoshi Kon es una figura reverenciada por su capacidad de explorar los rincones más oscuros y fascinantes de la mente humana. Con su película Paprika (2006), Kon no solo desafió las convenciones narrativas, sino que también revolucionó el arte del montaje cinematográfico, creando un puente entre el consciente y el inconsciente. Este examen nos lleva a través de los sinuosos pasajes de la psiquis humana, donde los límites de la realidad se disuelven en la vivacidad de los sueños.
Mr. Oizo y su película Rubber: el neumático asesino que nadie pidió
Imagina un filme donde la única estrella es un neumático. Sí, has oído bien, un neumático homicida que se desliza por el polvo del desierto americano, dejando un rastro de carnicería a su paso. Este peculiar y provocador concepto cinematográfico surgió de la mente ingeniosa de Quentin Dupieux, también conocido como Mr. Oizo. Una obra que desafía convenciones narrativas y estéticas, Rubber es mucho más que la historia de un neumático asesino; es un manifiesto del absurdo cinematográfico.
