Una película de Andrew Bujalski convierte un torneo de ajedrez por ordenador de 1980 en una cápsula de paranoia analógica: máquinas que piensan, humanos que improvisan y un hotel donde el futuro aún huele a moqueta.
futuro obsoleto
World on a Wire: oficinas de cristal para una realidad que empieza a sospechar de sí misma
Antes de que la simulación se vistiera de cuero negro, Fassbinder la imaginó como una oficina de cristal: elegante, administrativa y profundamente enferma.
Phase IV: la geometría del hormiguero que soñó con reemplazarnos
Saul Bass dirigió una sola película, pero bastó para imaginar una ciencia ficción donde el fin del hombre no llega gritando: avanza en fila, calcula en silencio y construye torres perfectas bajo el sol del desierto.
World of Tomorrow: ciencia ficción para niñas, clones y recuerdos que no caben en el cuerpo
Don Hertzfeldt convirtió una conversación infantil con un clon del futuro en una de las miniaturas más tristes y luminosas de la ciencia ficción reciente: una película donde la inmortalidad parece menos promesa que archivo mal ventilado.
Fantastic Planet: cuando la animación imaginó humanos como mascotas psicodélicas
René Laloux y Roland Topor convirtieron La Planète sauvage en una fábula alienígena donde la humanidad aparece miniaturizada, domesticada y extrañamente bella bajo una ciencia ficción de jazz, collage y pesadilla política.
Beyond the Mind’s Eye: cuando el CGI aprendio a sonar en VHS
Antes de que el 3D fuera una rutina industrial, hubo cintas de animacion por ordenador que parecian videoclips new age enviados desde un futuro de plastico, cromo y salvapantallas misticos.
